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miércoles, 10 de junio de 2015

Familia: Diez mandamientos para ser buenos padres
1. Demuéstrale lo mucho que le quieres.Todos los padres quieren a sus hijos pero ¿se lo demuestran cada día?, ¿les dicen que ellos son lo más importante que tienen, lo mejor que les ha pasado en la vida? No es suficiente con atender cada una de sus necesidades: acudir a consolarle siempre que llore, preocuparse por su sueño, por su alimentación; los cariños y los mimos también son imprescindibles. Está demostrado; los padres que no escatiman besos y caricias tienen hijos más felices que se muestran cariñosos con los demás y son más pacientes con sus compañeros de juegos. Hacerles ver que nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus acciones o su manera de comportarse será vital también para el futuro. Sólo quien recibe amor es capaz de transmitirlo. No se van a malcriar porque reciban muchos mimos. Eso no implica que dejen de respetarse las normas de convivencia.
2. Mantén un buen clima familiar.Para los niños, sus padres son el punto de referencia que les proporciona seguridad y confianza. Aunque sean pequeños, perciben enseguida un ambiente tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en su presencia, pero cuando sean inevitables, hay que explicarles, en la medida que puedan comprenderlo, qué es lo que sucede. Si nos callamos, podrían pensar que ellos tienen la culpa.Si presencian frecuentes disputas entre sus padres, pueden asumir que la violencia es una fórmula válida para resolver las discrepancias.
3. Educa en la confianza y el diálogo.Para que se sientan queridos y respetados, es imprescindible fomentar el diálogo. Una explicación adecuada a su edad, con actitud abierta y conciliadora, puede hacer milagros. Y, por supuesto, ¡nada de amenazas! Tampoco debemos prometerles nada que luego no podamos cumplir; se sentirían engañados y su confianza en nosotros se vería seriamente dañada. Si, por ejemplo, nos ha surgido un problema y no podemos ir con ellos al cine, tal como les habíamos prometido, tendremos que aplazarlo, pero nunca anular esa promesa.
4. Debes predicar con el ejemplo.Existen muchos modos de decirles a nuestros hijos lo que deben o no deben hacer, pero, sin duda, ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica. Es un proceso a largo plazo, porque los niños necesitan tiempo para comprender y asimilar cada actuación nuestra, pero dará excelentes resultados. No olvidemos que ellos nos observan constantemente y "toman nota". No está de más que, de vez en cuando, reflexionemos sobre nuestras reacciones y el modo de encarar los problemas.Los niños imitan los comportamientos de sus mayores, tanto los positivos como los negativos, por eso, delante de ellos, hay que poner especial cuidado en lo que se dice y cómo se dice.
5. Comparte con ellos el máximo de tiempo.Hablar con ellos, contestar sus preguntas, enseñarles cosas nuevas, contarles cuentos, compartir sus juegos... es una excelente manera de acercarse a nuestros hijos y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Cuanto más pequeño sea el crío, más fácil resulta establecer con él unas relaciones de amistad y confianza que sienten las bases de un futuro entendimiento óptimo. Por eso, tenemos que reservarles un huequecito diario, exclusivamente dedicado a ellos; sin duda, será tan gratificante para nuestros hijos como para nosotros.A ellos les da seguridad saber que siempre pueden contar con nosotros. Si a diario queda poco tiempo disponible, habrá que aprovechar al máximo los fines de semana.
6. Acepta a tu hijo tal y como es.Cada crío posee una personalidad propia que hay que aprender a respetar. A veces los padres se sienten defraudados porque su hijo no parece mostrar esas cualidades que ellos ansiaban ver reflejadas en él; entonces se ponen nerviosos y experimentan una cierta sensación de rechazo, que llega a ser muy frustrante para todos. Pero el niño debe ser aceptado y querido tal y como es, sin tratar de cambiar sus aptitudes.No hay que crear demasiadas expectativas con respecto a los hijos ni hacer planes de futuro. Nuestros deseos no tienen por qué coincidir con sus preferencias.
7. Enséñale a valorar y respetar lo que le rodea.Un niño es lo suficientemente inteligente como para asimilar a la perfección los hábitos que le enseñan sus padres. No es preciso mantener un ambiente de disciplina exagerada, sino una buena dosis de constancia y naturalidad. Si se le enseña a respetar las pequeñas cosas -ese jarrón de porcelana que podría romper y hacerse daño con él, por ejemplo-, irá aprendiendo a respetar su entorno y a las personas que le rodean.Muchos niños tienen tantos juguetes que acaban por no valorar ninguno. A menudo son los propios padres quienes, como respuesta a las carencias que ellos tuvieron, fomentan esa cultura de la abundancia. Lo ideal sería que poseyeran sólo aquellos juguetes con los que sean capaces de jugar y mantener cierto interés.Guardar algunos juguetes para más adelante puede ser una buena medida para que no se vea desbordado y aprenda a valorarlos.
8. Los castigos no le sirven para nada.Los niños suelen recordar muy bien los castigos, pero olvidan qué hicieron para "merecerlos". Aunque estas pequeñas penalizaciones estén adecuadas a su edad, si se convierten en técnica educativa habitual, nuestros hijos pueden volverse increíblemente imaginativos. Disfrazarán sus actos negativos y tratarán de ocultarlos. Podemos ofrecerles una conducta aceptable con otras alternativas.
9. Prohíbele menos, elógiale más.Para un crío es tremendamente estimulante saber que sus padres son conscientes de sus progresos y que además se sienten orgullosos de él. No hay que escatimar piropos cuando el caso lo requiera, sino decirle que lo está haciendo muy bien y que siga por ese camino. Reconocer y alabar es mucho mejor que lo que se suele hacer habitualmente: intervenir sólo para regañar.Siempre mencionamos sus pequeñas trastadas de cada día. ¿Por qué no hacemos lo contrario? Si, con un gesto cariñoso o un ratito de atención resaltamos todo lo positivo que nuestros hijos hayan realizado, obtendremos mejores resultados.
10. No pierdas nunca la paciencia.Difícil, pero no imposible, Por más que parezcan estar desafiándote con sus gestos, sus palabras o sus negativas, nuestro objetivo prioritario ha de ser no perder jamás los estribos. En esos momentos, el daño que podemos hacerles es muy grande. Decirles: "No te aguanto"; "Qué tonto eres"; "Por qué no habrás salido como tu hermano" merman terriblemente su autoestima. Al igual que sucede con los adultos, los niños están muy interesados en conocer su nivel de competencia personal, y una descalificación que provenga de los mayores echa por tierra su autoconfianza. Contar hasta diez, salir de la habitación..., cualquier técnica es válida antes de reaccionar con agresividad ante una de sus trastadas.En caso de que se nos escape un insulto o una frase descalificadora, debemos pedirles perdón de inmediato. Reconocer nuestros errores también es positivo para ellos.
miércoles, 10 de junio de 2015
¿Qué es la adicción a las drogas?
La adicción se define como una enfermedad crónica y recurrente del
cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de
drogas, a pesar de sus consecuencias nocivas. Se considera una
enfermedad del cerebro porque las drogas modifican este órgano: su
estructura y funcionamiento se ven afectados. Estos cambios en el
cerebro pueden ser de larga duración, y pueden conducir a
comportamientos peligrosos que se observan en las personas que abusan
del consumo de drogas.
†El término adicción, tal como se utiliza en este folleto, puede considerarse como equivalente a un grave trastorno por uso de sustancias,
según se define en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders, Fifth Edition [Manual de Diagnóstico y Estadísticas de los
Trastornos Mentales, quinta edición] (DSM-5, 2013).
¿Por qué la gente consume drogas?
En general, las personas comienzan a consumir drogas por varias razones:
- Para sentirse bien. La mayoría de las drogas de las que se abusa producen sensaciones intensas de placer. Esta sensación inicial de euforia es seguida por otros efectos, que varian según el tipo de droga que se consume. Por ejemplo, con estimulantes como la cocaína, la sensación de euforia es seguida por sentimientos de poder, confianza en uno mismo y mayor energía. En contraste, la euforia causada por opiáceos como la heroína es seguida por sentimientos de relajación y satisfacción.
- Para sentirse mejor. Algunas personas que sufren de ansiedad social, trastornos relacionados con el estrés y depresión, comienzan a abusar de las drogas en un intento por disminuir los sentimientos de angustia. El estrés puede jugar un papel importante en el inicio del consumo de drogas, la continuidad en el abuso de drogas o la recaída en pacientes que se recuperan de la adicción.
- Para desempeñarse mejor. Algunas personas sienten presión por aumentar o mejorar químicamente sus capacidades cognitivas o su rendimiento deportivo, lo que puede desempeñar un papel en la experimentación inicial y el abuso continuo de drogas como los estimulantes recetados o los esteroides anabólicos/androgénicos.
- La curiosidad y el “porque otros lo hacen.” En este aspecto, los adolescentes son particularmente vulnerables, debido a la fuerte influencia de la presión de sus pares. Los adolescentes son más propensos que los adultos a participar en comportamientos riesgosos o temerarios para impresionar a sus amigos y expresar su independencia de las normas parentales y sociales.
Si consumir drogas hace que la gente se sienta bien o mejor, ¿cuál es el problema?
Cuando consumen una droga por primera vez, las personas pueden
percibir los que parecen ser efectos positivos; también pueden creer que
pueden controlar su consumo. Sin embargo, las drogas pueden apoderarse
rápidamente de la vida de una persona. Con el tiempo, si el consumo de
drogas continúa, otras actividades placenteras se vuelven menos
agradables, y las drogas se vuelven necesarias para que el consumidor se
sienta “normal.” Luego, es posible que busquen y consuman drogas
compulsivamente, a pesar de que estas les causan tremendos problemas a
ellos y a sus seres queridos. Algunos pueden comenzar a sentir la
necesidad de tomar dosis más altas o más frecuentes, incluso en las
primeras etapas del consumo. Estos son los signos reveladores de una
adicción.
Incluso el consumo relativamente moderado de drogas plantea riesgos.
Piensa en la manera en la que un bebedor social puede embriagarse,
ponerse al volante de un vehículo y rápidamente convertir una actividad
placentera en una tragedia que afecta muchas vidas.¿El continuo abuso de drogas es un comportamiento voluntario?
Por lo general, la decisión inicial de consumir drogas es voluntaria.
Sin embargo, con el consumo continuo, la capacidad de una persona para
ejercer el autocontrol puede verse seriamente afectada. Este deterioro
en el autocontrol es el sello distintivo de la adicción. Estudios de
imágenes cerebrales de personas con adicciones muestran cambios físicos
en áreas del cerebro que son esenciales para el juicio, la toma de
decisiones, el aprendizaje y la memoria, y el control del
comportamiento.7
Los científicos creen que estos cambios alteran la forma en la que
funciona el cerebro y pueden ayudar a explicar los comportamientos
compulsivos y destructivos de la adicción.
No existe un solo factor que determine si una persona se convertirá en adicto a las drogas.
¿Por qué algunas personas se vuelven adictas a las drogas y otras no?
Al igual que con cualquier otra enfermedad, la vulnerabilidad a la
adicción varia de persona a persona, y no existe un solo factor que
determine si una persona se volverá adicta a las drogas. En general,
cuanto más factores de riesgo tenga una persona, mayor es la probabilidad de que el consumo de drogas se convierta en abuso y adicción. Por otra parte, los factores de protección
reducen el riesgo de la persona de desarrollar una adicción. Los
factores de riesgo y de protección pueden ser ambientales (como las
situación del hogar, la escuela y el vecindario) o biológicos (por
ejemplo, los genes de la persona, su estado de desarrollo e incluso su
género u origen étnico).
| Factores de riesgo | Factores de protección |
|---|---|
| Comportamiento agresivo en la infancia | Buen autocontrol |
| Falta de supervisión | Supervisión de los padres y apoyo parental |
| Habilidades sociales deficientes | Relaciones positivas |
| Experimentación con las drogas | Competencia académica |
| Disponibilidad de drogas en la escuela | Políticas escolares contra las drogas |
| Pobreza en la comunidad | Fuertes lazos en la comunidad |
Racismo en el Ecuador
miércoles, 10 de mayo de 2015
El racismo en el Ecuador
Es común escuchar que los ecuatorianos "no somos racistas". Esta
opinión, al parecer, señala la inexistencia en nuestro país de
normas jurídicas o prácticas institucionales que discriminen a un
individuo o grupo humano por su apariencia física. Sin embargo, esta
apreciación está muy lejana a la realidad: en el Ecuador existe
desprecio racial, fundamentalmente en contra de aquellos ciudadanos
denominados displicentemente como "de color", de apariencia "aindiada" o
"chola". Los ejemplos abundan: recientemente, ante el avance de la "ola
delictiva" en la capital, un alto oficial de la Policía Nacional no
tuvo empacho al adjudicar tal incremento a la llegada de migrantes
negros, los que, según él, constituían una "raza proclive al crimen".
Sintomático también fue el rechazo manifiesto de un sector de la opinión
ciudadana a la elección de una negra como "Miss Ecuador". Esto no hizo
otra cosa que poner en manifiesto una apreciación contundente: a nivel
de los medios de comunicación, los mensajes de “belleza”, "educación",
"progreso", "riqueza" y "cultura", por lo general son asociados a
imágenes o estereotipos "blancos", dejándose entrever sutilmente que los
valores inversos se sitúan en la "indiada" o el "cholerío". El
desprecio es tan afincado que a pocos les preocupa que en determinados
espacios sofisticados se les impida la entrada a los indios, así éstos
tuviesen dinero, ni que a un nivel más cotidiano e "inocente", los niños
forjen su aversión a la gente "de color" participando alegremente en el
tenebroso juego del "hombre negro.
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